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Semana Santa 2009.

Tiempo de aprender

Desde que dejé los estudios hace ya unos siete años, yo mismo me he hecho cargo de mi propia educación. En ese tiempo he estado con algunos profesores, pero se podría decir que con ellos he tenido un régimen de enseñanza libre, sin las presiones que supone aprender por la vía académica tradicional. Educarse uno mismo no significa necesariamente una forma mejor o peor de enseñanza que las aulas, más bien depende del rigor que uno tenga a la hora de tomar esa responsabilidad. Cuando abrí este blog, en noviembre del año pasado, noté que yo mismo estaba empezando a exigirme ese rigor en mis estudios, quizás en parte porque con las anotaciones podía llevar un registro mejor de lo que hacía o lo que aprendía, de mis avances, problemas frecuentes, etc, y eso ayudaba a poder llevar el asunto más en serio. Ahora soy consciente de que los años que pase antes de empezar la Universidad van a ser una etapa de aprendizaje para lo que venga después; en esa etapa voy a tener que aplicarme tanto al estudio de las materias a las que no les presté atención durante el instituto como a la mejora personal, y del trabajo que le dedique a esto ahora dependerá el que pueda luego dar lo mejor de mi mismo en el futuro. ¿Qué puedo esperar si no hago caso de todo esto? Digamos que la recompensa para un esfuerzo mediocre es una tener también una vida mediocre.

A solas con todo el mundo

Hay gente por ahí tan ocupada en mejorar en su trabajo o en sus estudios que acaban por olvidarse del plano personal de su vida. No me gustaría ser esa clase de persona. Yo prefiero mejorar en el aspecto personal de mi vida, aunque también me gustaría ser un buen profesional. Pienso que lo ideal, el equilibrio ideal entre un tipo de persona y otra se encuentra en lo que Abraham Maslow denominaba persona autorrealizadora. Creo haber conocido alguna vez a ese tipo de personas. Por lo general suelen ser la clase de gente que se siente absorbida por su trabajo, pero de una manera natural y sana; no suelen producir excesos de ningún tipo, tienen el ánimo paciente y sereno, y generalmente están de buen humor. Son personas equilibradas, que no se preocupan por la clase de vicios comunes que estropean el alma, como la envidia, la ambición o el miedo. Tal vez están demasiado preocupados en los demás, o en hacer bien su trabajo como para atender a esas cosas. Además suelen alegrarse del bien ajeno y procuran servir de ayuda a los de su alrededor.

Otro tipo de personas que también demuestran ese carácter son los enamorados y la gente apasionada en general. Puede que sea porque el amor hacia otras personas o hacia cualquier otra cosa fuera de sí mismos les hace querer romper cualquier barrera que se los impida. El amor es lo que hace valientes a las personas. Hay gente que es capaz de defender hasta el final aquello que consideran como su propia vida, y lo hacen porque creen que tiene más valor lo que les dice su corazón que su propia cabeza. Por eso para mí es preferible mejorar en lo personal y valorar lo que tengo a mi alrededor, que pensar solo en mí mismo y olvidarme del resto.

Música: Everything but the girl – Missing (Terry Todd Remix HQ)

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Antes de los 30 años

Estoy pensando que debería de empezar la Universidad antes de cumplir los 30 años. He estado haciendo un balance de estos últimos años y pienso que me he alejado demasiado del ritmo de vida académica de las demás personas, así que debería de volver a los estudios lo antes posible para no rezagarme del resto. Lo digo sobre todo por no arriesgarme a verme rodeado después por gente de distinta edad a la mía, porque puede que eso me hiciera  más difícil relacionarme. Además, quiero aprovechar la salud del cuerpo para quemarlo en viajes. El hecho de empezar tarde a estudiar no me preocupa tanto, porque para eso tengo toda la vida por delante. ¿Y qué voy a estudiar todo ese tiempo?

La llamada de la naturaleza

He tenido un final de martes lúcido. Desde que llegué a casa hasta este mismo momento se han empezado a atar un montón de cabos sueltos por sí solos; por ejemplo, cada vez me interesa más la ciencia y menos todo lo demás. También me atrae la montaña. Allí es donde de verdad encuentro respuestas a muchas de mis cuestiones, y es el mejor lugar para crecer. No sé qué va a ser de la parte de mí a la que le interesaba la pintura o el teatro, supongo que lo sabré con el tiempo. También siento que lo que quiero es viajar; conocer gente y llenarme de experiencias. Recorrer el mundo, observar la naturaleza, conversar, todo eso sí te prepara para la filosofía. ¿Para qué quiero yo las artes?

Viaje a La Palma

Desde el jueves de esta semana al martes de la próxima voy a estar de viaje en La Palma. Vamos a recorrer la isla por todo su centro, de norte a sur, bordeando la Caldera de Taburiene y pasando por la ruta de los volcanes para volver luego a la capital, Santa Cruz de la Palma, donde está a punto de empezar los carnavales. Allí celebran el lunes la fiesta de los indianos, un carnaval muy popular que sirve como recordatorio del retorno a finales del siglo XIX de los emigrantes palmeros que viajaron a Cuba en busca de fortuna. El miércoles estaré aquí, y después del Entierro de la Sardina que celebran en mi isla, escribiré un post contándoles la aventura. Un saludo a todos.

Acampada en Guergues

El sábado 21 tocó acampada en la Finca de Guergues, unos terrenos un poco más al sur de Masca (cómo no, en mi querida islita, Tenerife); mentiría si dijese que no he publicado nada últimamente por eso, pero también es verdad que estos dos días tampoco he podido tocar un ordenador. Esta caminata, trazada por uno de los puntos menos explotados de la isla, interesa por sus vistas, su aislamiento (léase tranquilidad), a pesar de estar a unos 40 minutos (con mochila) de la carretera, y por la posibilidad de hacer noche sin necesidad de usar caseta de campaña.

La excursión empezó el día 21. Ese día, después de aikido, llamé a Jony para enterarme de los planes que habían para el fin de semana, además de la hora a la que pensaban moverse. Salimos tarde por mi culpa; no encontraba mis prismáticos, y en verdad que no tenía ningunas ganas de salir sin saber dónde estaban, así que al final me subí al coche con ellos y una botella de vino, para que me perdonaran. Fuimos directos hacia el oeste Toño, Jony, Fede y yo, además de Tao, el perro de Toño. Hicimos escala en un Mercadona de Icod de los Vinos, donde nos vimos al resto del grupo; Koldo, German, Jorge y Marcos el Traba, y compramos provisiones por separado y en comuna para el resto del viaje. Dejamos la autopista del norte para “subir” hasta Santiago del Teide y después bajar hacia el oeste, en dirección a Masca. Antes de llegar a Masca, por la carretera que va desde Santiago, hay una parada con un mirador y aparcamientos; allí es donde empieza la caminata y donde dejamos los coches para empezar la excursión.

El camino hasta la Finca de Guergues es bastante claro y está bien señalizado, el problema está en que es algo escarpado, así que se puede llegar a hacer algo sufrido si llevas mochila de acampada. También es posible que te tropieces con algún rebaño de cabras del lugar, como nos pasó a nosotros; en ese caso lo mejor es adelantarlas si es posible o hacer tiempo para no ir pegado detrás de ellas, porque entonces la caminata se puede volver lenta y penosa. Si el cabrero está por ahí, puedes aprovechar para pedirle información del sitio, como hizo Koldo. A pesar de todo, el camino se hace de un tirón sin más problemas, y además se disfruta mucho de las vistas durante todo el recorrido. Quizás la mayor dificultad que tuvimos fue la de que se nos cayera la tarde encima; Jony, por ejemplo, se quejó de esto porque no pudo sacar las fotos que quería. Según él, las cuatro de las tarde hubiera sido la mejor hora para fotografiar el sitio, (a Toño y a mí nos pasó algo parecido cuando fuimos al Roque Nublo). Por otro lado, tuvimos la contrapartida de hacer una caminata en dirección al poniente con un Lorenzo cayendo durante todo el rato frente a nosotros, así que, visto de esta manera, tampoco estuvo nada mal que nos atardeciera. Al final, justo anocheciendo, llegamos a una especie de terraza, asomada hacia el Oeste con una era en su borde, desde donde se podían ver La Gomera (un poco turbia por la calima) y Venus en lo alto, junto con parte de la costa suroeste de la isla. A nuestras espaldas estaban el Teide y el Pico Viejo. Este lugar sería el punto de acampada. Aquella era, por cierto, es un sitio ideal para plantar un telescopio; primero por la limpieza del cielo en el lugar, desde donde apenas se ven dos ciudades, y de lejos, y en segundo lugar por la amplitud de las vistas, sin paredes cercanas que te impidan controlar alguno de los puntos cardinales arriba en el cielo; además, la forma del suelo, plano y circular, te permite dejar tus cosas en la oscuridad sin que se te pierdan. Unos metros más atrás hay un chamizo bien construido, con paredes de piedra sin mortero y techo de paja, cañas, planchas de metal y tejas, donde pasamos la noche los ocho más el perro, (eso sí, el perro se llenó de pulgas). El suelo está cubierto de paja, y, según me dijeron, Koldo durmió una vez allí mientras llovía y no se mojó. A la casa le falta la puerta de entrada, pero nosotros la cubrimos con el toldo de una caseta, y le añadimos aislantes al suelo de paja. Allí nos hicimos con el sitio, tiramos los sacos, encendimos velas, sacamos el vino y demás sustancias y nos la pasamos bien alegre, con risas y entre colegas, que es como mejor se combate el frío en la montaña. Estuvimos un rato así con nuestras cosas y nos dormimos.

Al día siguiente algunos de nosotros nos fuimos levantando mientras los demás dormían. Desayunamos e hicimos alguna excursión por el lugar. Vimos que hacia el sur hay varios salientes con vistas impresionantes del barranco Seco; hacia el suroeste, bajando los bancales en dirección al mar, encontramos más chamizos con eras. Yo no bajé del todo, pero sí lo hicieron algunos de los chicos; sé que Toño bajó porque yo mismo lo vi tirar para allá con el trípode al hombro y la cara de recién levantado. A ver si se acuerda y me pasa las fotos de lo que vieron para cogarlas en Flickr. Cuando subimos ya se había levantado el resto; nos encontramos también con un grupo de caminantes que venían desde el mismo sitio que nosotros pero haciendo el salto del pastor. Según Germánico, esa gente puede llegar a bajarse todo el barranco con el salto hasta llegar a la playa. Estuvimos un rato en la era y nos acercamos después un par de ellos al lado norte del terreno para seguir conociedo las paronámicas; desde ahí vimos el pueblo y el barranco de Masca, flanqueado por Guergues a un lado y el muro de la Fortaleza por el otro, y más allá, el barranco de los Carrizales. Creo que lo mejor de Guergues son precisamente las vistas. Desde el mismo sitio puedes ver el mar con La Gomera al lado, parte del sur de la isla y sus costas, los barrancos, las cordilleras, el Teide al fondo y el propio paisaje de la finca, limpio de habitantes y de casas. Eso y el chamizo es de lo mejor que tiene aquel sitio. El resto de la mañana lo pasamos así en la Finca, tranquilitos, viendo el lugar, hablando y comiendo. Sobre el mediodía andamos el camino de vuelta, haciendo una parada durante la primera mitad del recorrido en una cueva hasta llegar a los coches. El viaje de regreso, si no me equivoco, lo hicimos bajando en dirección a Masca, pasando por el Palmar hacia a Buenavista del Norte. Almorzamos de paso en un sitio llamado “la Parrillada” o algo así, que no nos gustó mucho, y seguimos hasta la playa de la Caleta, en el norte, donde hicimos un parón para tomar unas cervezas. La idea de los chicos allí era coger algunas olas, pero el tiempo frío y el peso de la comida en el estómago hicieron que se abortaran los planes. Después de todo aquello, lo mejor fue coger de nuevo la autopista de vuelta a La Laguna.

Flickr: Finca de Guergues (20 y 21 del 12/2008)