Después de Madrid

No es necesario que una vida sea intensa para que sea también auténtica. Parece una obviedad, pero esto es algo que a mí me ha costado mucho tiempo comprender. También es posible la autenticidad en una vida intensa; tal vez a cada individuo le es dado un ritmo de vida o de acción correspondiente a la calidad de sus nervios. A mí me corresponde un ritmo de vida lento. El tiempo que he tardado en asumir esto ha sido el que he invertido en aprender a manejarme en las situaciones más agitadas, sin éxito alguno… Ahora sé que puedo llevar el tipo de vida que quiero con el ritmo de vida que me corresponde; de hecho, no podría llevar ese tipo de vida de otra forma. Puedo tener en frente la verdadera cara de las personas, hablar sinceramente con ellas y hacerlo con la más absoluta tranquilidad; sé que así es precisamente como mejor se disfrutan las conversaciones sinceras, que se necesita tiempo y un buen ambiente para revelar ciertas cosas… puedo encontrar la mayor resistencia en una sola convicción firme, la mayor pasión en una fe persistente, la mayor osadía en el compromiso con los demás y con uno mismo. Ninguno de mis deseos se ve anulado por el hecho de tomarme las cosas con calma, al contrario; quizás ahora pueda encontrar la autenticidad en aquello para lo que se necesita paciencia y mucho tiempo. Quizás pueda encontrar también virtudes que desafíen a la mediocridad y al silencio. Puedo ver esa autenticidad en la unión entre las personas, en su deseo de trascender las barreras que impiden esa unión y el desarrollo natural de la vida; puedo verla también en la voluntad y el esfuerzo. La fuerza de voluntad es la vía que utilizan los espíritus grandes para hacerse valer a sí mismos y a sus creencias; actúan así porque están dispuestos a llegar hasta el final con tal de defender sus valores, mientras que un espíritu mediocre solo cree en la comodidad y es incapaz de cualquier acción que le lleve a perderla. Encuentro esa autenticidad también en la comunicación y el respeto, en el deseo de conocer y de romper ilusiones, de compartir y apreciar en otros… Encuentro en todo esto lo auténtico, y es una autenticidad diferente, es aquella que te hace comprender qué valor tiene en realidad las cosas, cuáles son importantes y cuáles superfluas, en qué casos vale la pena preocuparse y en qué otros no. Es una forma de sensatez… La cuestión de todo esto, la verdadera cuestión no está en cómo alcanzar ese modo de pensar sensato; todos hemos tenido alguna vez esa ráfaga de lucidez que nos lleva a vernos con claridad a nosotros mismos y a nuestro alrededor sin ningún esfuerzo. La cuestión y lo verdaderamente difícil está en cómo mantenerlo…

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2 comentarios

  1. La escritura desde luego es una de tus virtudes 😉 Además es parsimoniosa, así que avanti. Ánimo Kurky !

  2. Gracias.

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