Acampada en Guergues

El sábado 21 tocó acampada en la Finca de Guergues, unos terrenos un poco más al sur de Masca (cómo no, en mi querida islita, Tenerife); mentiría si dijese que no he publicado nada últimamente por eso, pero también es verdad que estos dos días tampoco he podido tocar un ordenador. Esta caminata, trazada por uno de los puntos menos explotados de la isla, interesa por sus vistas, su aislamiento (léase tranquilidad), a pesar de estar a unos 40 minutos (con mochila) de la carretera, y por la posibilidad de hacer noche sin necesidad de usar caseta de campaña.

La excursión empezó el día 21. Ese día, después de aikido, llamé a Jony para enterarme de los planes que habían para el fin de semana, además de la hora a la que pensaban moverse. Salimos tarde por mi culpa; no encontraba mis prismáticos, y en verdad que no tenía ningunas ganas de salir sin saber dónde estaban, así que al final me subí al coche con ellos y una botella de vino, para que me perdonaran. Fuimos directos hacia el oeste Toño, Jony, Fede y yo, además de Tao, el perro de Toño. Hicimos escala en un Mercadona de Icod de los Vinos, donde nos vimos al resto del grupo; Koldo, German, Jorge y Marcos el Traba, y compramos provisiones por separado y en comuna para el resto del viaje. Dejamos la autopista del norte para “subir” hasta Santiago del Teide y después bajar hacia el oeste, en dirección a Masca. Antes de llegar a Masca, por la carretera que va desde Santiago, hay una parada con un mirador y aparcamientos; allí es donde empieza la caminata y donde dejamos los coches para empezar la excursión.

El camino hasta la Finca de Guergues es bastante claro y está bien señalizado, el problema está en que es algo escarpado, así que se puede llegar a hacer algo sufrido si llevas mochila de acampada. También es posible que te tropieces con algún rebaño de cabras del lugar, como nos pasó a nosotros; en ese caso lo mejor es adelantarlas si es posible o hacer tiempo para no ir pegado detrás de ellas, porque entonces la caminata se puede volver lenta y penosa. Si el cabrero está por ahí, puedes aprovechar para pedirle información del sitio, como hizo Koldo. A pesar de todo, el camino se hace de un tirón sin más problemas, y además se disfruta mucho de las vistas durante todo el recorrido. Quizás la mayor dificultad que tuvimos fue la de que se nos cayera la tarde encima; Jony, por ejemplo, se quejó de esto porque no pudo sacar las fotos que quería. Según él, las cuatro de las tarde hubiera sido la mejor hora para fotografiar el sitio, (a Toño y a mí nos pasó algo parecido cuando fuimos al Roque Nublo). Por otro lado, tuvimos la contrapartida de hacer una caminata en dirección al poniente con un Lorenzo cayendo durante todo el rato frente a nosotros, así que, visto de esta manera, tampoco estuvo nada mal que nos atardeciera. Al final, justo anocheciendo, llegamos a una especie de terraza, asomada hacia el Oeste con una era en su borde, desde donde se podían ver La Gomera (un poco turbia por la calima) y Venus en lo alto, junto con parte de la costa suroeste de la isla. A nuestras espaldas estaban el Teide y el Pico Viejo. Este lugar sería el punto de acampada. Aquella era, por cierto, es un sitio ideal para plantar un telescopio; primero por la limpieza del cielo en el lugar, desde donde apenas se ven dos ciudades, y de lejos, y en segundo lugar por la amplitud de las vistas, sin paredes cercanas que te impidan controlar alguno de los puntos cardinales arriba en el cielo; además, la forma del suelo, plano y circular, te permite dejar tus cosas en la oscuridad sin que se te pierdan. Unos metros más atrás hay un chamizo bien construido, con paredes de piedra sin mortero y techo de paja, cañas, planchas de metal y tejas, donde pasamos la noche los ocho más el perro, (eso sí, el perro se llenó de pulgas). El suelo está cubierto de paja, y, según me dijeron, Koldo durmió una vez allí mientras llovía y no se mojó. A la casa le falta la puerta de entrada, pero nosotros la cubrimos con el toldo de una caseta, y le añadimos aislantes al suelo de paja. Allí nos hicimos con el sitio, tiramos los sacos, encendimos velas, sacamos el vino y demás sustancias y nos la pasamos bien alegre, con risas y entre colegas, que es como mejor se combate el frío en la montaña. Estuvimos un rato así con nuestras cosas y nos dormimos.

Al día siguiente algunos de nosotros nos fuimos levantando mientras los demás dormían. Desayunamos e hicimos alguna excursión por el lugar. Vimos que hacia el sur hay varios salientes con vistas impresionantes del barranco Seco; hacia el suroeste, bajando los bancales en dirección al mar, encontramos más chamizos con eras. Yo no bajé del todo, pero sí lo hicieron algunos de los chicos; sé que Toño bajó porque yo mismo lo vi tirar para allá con el trípode al hombro y la cara de recién levantado. A ver si se acuerda y me pasa las fotos de lo que vieron para cogarlas en Flickr. Cuando subimos ya se había levantado el resto; nos encontramos también con un grupo de caminantes que venían desde el mismo sitio que nosotros pero haciendo el salto del pastor. Según Germánico, esa gente puede llegar a bajarse todo el barranco con el salto hasta llegar a la playa. Estuvimos un rato en la era y nos acercamos después un par de ellos al lado norte del terreno para seguir conociedo las paronámicas; desde ahí vimos el pueblo y el barranco de Masca, flanqueado por Guergues a un lado y el muro de la Fortaleza por el otro, y más allá, el barranco de los Carrizales. Creo que lo mejor de Guergues son precisamente las vistas. Desde el mismo sitio puedes ver el mar con La Gomera al lado, parte del sur de la isla y sus costas, los barrancos, las cordilleras, el Teide al fondo y el propio paisaje de la finca, limpio de habitantes y de casas. Eso y el chamizo es de lo mejor que tiene aquel sitio. El resto de la mañana lo pasamos así en la Finca, tranquilitos, viendo el lugar, hablando y comiendo. Sobre el mediodía andamos el camino de vuelta, haciendo una parada durante la primera mitad del recorrido en una cueva hasta llegar a los coches. El viaje de regreso, si no me equivoco, lo hicimos bajando en dirección a Masca, pasando por el Palmar hacia a Buenavista del Norte. Almorzamos de paso en un sitio llamado “la Parrillada” o algo así, que no nos gustó mucho, y seguimos hasta la playa de la Caleta, en el norte, donde hicimos un parón para tomar unas cervezas. La idea de los chicos allí era coger algunas olas, pero el tiempo frío y el peso de la comida en el estómago hicieron que se abortaran los planes. Después de todo aquello, lo mejor fue coger de nuevo la autopista de vuelta a La Laguna.

Flickr: Finca de Guergues (20 y 21 del 12/2008)

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